La segunda cita es más fácil que la primera y suele salir mejor: ya sabéis qué cara tiene el otro, ya habéis superado los nervios de presentaros y podéis hablar de algo que no sea el trabajo y el barrio. Lo único que conviene cuidar es cómo se propone y que el plan deje hablar.
Si vienes de la primera cita y quieres repasar cómo fue y qué decir después, lo tienes en nuestra guía de la primera cita con una mujer madura.
Cuándo y cómo proponerla
- Cuando te apetezca, no cuando toque. No hay que esperar tres días por estrategia ni escribir a los cinco minutos por ansiedad. Si lo pasaste bien, dilo.
- Mejor pronto que tarde. Un mensaje el mismo día o al siguiente mantiene vivo lo que se creó; una semana después hay que volver a empezar.
- Concreta. «A ver si repetimos» no es una propuesta. Un plan, dos opciones de día y la zona que a ella le venga bien, sí.
- Sin exigir respuesta inmediata. Proponer y esperar; insistir a las dos horas estropea una propuesta buena.
«Me lo pasé muy bien el jueves, me apetece repetir. ¿Te animas a dar una vuelta por el mercado el sábado por la mañana, o lo prefieres entre semana?»
Qué plan elegir
La segunda cita admite algo más largo que un café, pero no hace falta subir la apuesta. Cuatro opciones que funcionan:
| Plan | Qué aporta | Qué tener en cuenta |
|---|---|---|
| Un paseo con algo al final | Caminar da conversación sola y el café o el vermut final remata sin alargar de más. | Mirar el tiempo y proponer alternativa si llueve. |
| Un mercado o un barrio con ambiente | Hay cosas que mirar y comentar: desaparecen los silencios incómodos. | Comprobar el día y el horario; muchos cierran por la tarde. |
| Una exposición o un concierto pequeño | Deja ver cómo reaccionáis ante lo mismo y da tema para después. | Que haya un rato de charla antes o después; si no, no os conocéis más. |
| Una comida sencilla | Más tiempo y más tranquilidad que un café, y ya hay confianza para sostenerlo. | Acordar cómo repartís la cuenta antes de pedir evita el momento raro del final. |
Dos cosas que siguen aplicando igual que en la primera: lugar público e ir y volver por tus propios medios. Nada obliga a que la segunda cita sea en casa de nadie. Si quieres repasar los preparativos, están en cómo organizar una primera cita segura.
De qué hablar ahora
En la primera cita se cuentan los titulares. En la segunda empieza lo interesante:
- Tira de lo que quedó a medias. «Me dijiste que estabas pensando en cambiar de trabajo, ¿en qué quedó?» demuestra que escuchaste.
- Cuenta algo más tuyo. La segunda cita es el sitio para bajar un nivel: lo que te preocupa, lo que te hace ilusión este año.
- Habla de lo que buscáis, si no lo habéis hecho. Ahora ya no es prematuro. Cómo plantearlo, en cómo hablar de lo que buscas antes de una cita.
- Sigue dejando fuera las relaciones anteriores con detalle, el dinero y las quejas largas. Todavía es pronto.
El ritmo físico
No hay un guion. Que haya segunda cita no implica nada, ni un beso ni ninguna otra cosa, y «ya hemos quedado dos veces» no es un argumento.
Lo que funciona es preguntar y leer la respuesta, incluida la que no se dice en voz alta. Un «hoy no» o un «prefiero ir despacio» se aceptan a la primera y sin negociar, y la persona que los respeta sin poner cara es, justamente, la que consigue una tercera cita.
Si no hay segunda cita
Pasa, y no siempre por algo que hayas hecho mal. Dos escenarios:
- Si eres tú quien no quiere repetir, dilo en un mensaje corto y amable. Dar las gracias por el rato y decir que no lo ves es mejor que desaparecer, aunque incomode más durante treinta segundos.
- Si es ella, se acepta sin pedir explicaciones ni mandar un último mensaje para dejar claro lo que piensas. Nadie debe justificar por qué no quiere una segunda cita.
Y no saques conclusiones generales de una cita. Una que no cuaja es una que no cuaja.
Si todavía estás en la fase de conversación, propón algo concreto: es lo que más veces convierte un chat en una cita.
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